En una remota estación de tren interurbana. Andas hasta la casa del ojo y de la mente, donde pasarás el fin de semana. Su salón respira dibujos espirituosos: este es un destino de fuga vacacional para la lectura compulsiva.
Amaneces y agarras tus manos por encima del trasero. Te paseas sin prisa entre líneas aristotélicas, ensayos costumbristas, psicología bromista y ciencia vestida de fanzine. Sigues sin saber dónde estás.